El mundo necesita líderes

Como en cualquier momento de turbulencias, el mundo necesita líderes capaces de guiar y generar ilusión entre los ciudadanos. Y las empresas tampoco se escapan de esa necesidad para afrontar la inestabilidad y la complejidad de la situación que estamos viviendo. De hecho, el liderazgo estratégico se ha convertido en una prioridad para las organizaciones a la hora de ser ágiles en la toma de decisiones, afrontar la volatilidad económica provocada por la pandemia, los cambios que se producen a velocidad de vértigo, o la extrema competitividad.

El mundo cambia a velocidad de vértigo

Los planes a medio y largo plazo han tenido que modificarse en muchas grandes y pequeñas empresas para solucionar las dificultades que han ido apareciendo. De qué sirve planificar ampliaciones o nuevas líneas de negocios, si la pandemia ha alterado por completo nuestro mundo y los cierres o reconversiones se aceleran por todo el planeta.

Ahora, las empresas necesitan líderes que sean capaces de responder a los retos, detectar y minimizar los riesgos, y encontrar nuevas oportunidades, operando con agendas de largo alcance, pero integrando metas de corto plazo con enfoques de amplia visión.

Perfiles de liderazgo: un maravilloso baile entre la estrategia y la operativa

En este sentido, el liderazgo estratégico es una forma de influir y marcar la pauta que asegura que la organización pueda afrontar los retos a medio y largo plazo, transformando la organización si así se requiere, a la par que se organizan y motivan los equipos y se gestionan los procesos. Todo encaminado a cumplir los objetivos marcados por la empresa, no solo para asegurar su supervivencia, sino para seguir creciendo frente a las circunstancias globales adversas y crear un futuro viable y sostenible para la empresa.

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CUALIDADES DE UN LÍDER ESTRATÉGICO

Ser un líder estratégico tiene un compendio de diferentes cualidades. Entre otras, es fundamental que sea capaz de tomar decisiones rápidas y resolver problemas.

Algunas de esas habilidades personales y sociales son: 

  • Flexibilidad. En esa mezcla de estrategia y operativa, el líder estratégico debe ser flexible para ser capaz de desarrollar los planes aprobados o presentar propuestas, a la par que puede tomar decisiones para resolver los problemas que surgen en el día a día.
  • Capacidad de anticipación. En este mundo tan volátil, el líder estratégico debe ser capaz de anticiparse a las situaciones que lleguen para poder ofrecer soluciones ágiles a los problemas.
  • Visualización de posibles escenarios. A pesar de la inestabilidad que existe en el entorno empresarial, es necesario ser capaz de visualizar cómo será el futuro, y plantear diferentes escenarios, desde los más conservadores a los más ambiciosos.
  • Habilidades sociales. Frente al modelo de liderazgo de las últimas décadas, los líderes estratégicos actuales deben tener habilidades sociales y ser capaces de empatizar desde un liderazgo situacional a los equipos que dirige o proyectos que emprende.
  • Constante actualización. Para poder actuar ante los retos, un buen líder se mantiene en constante actualización, formándose y teniendo toda la información necesaria para analizar cada situación y dar respuestas a los problemas que surgen.
  • Valores. Tener valores significa marcar límites respecto a lo que uno encuentra admisible o no. No es algo mental, no solo son palabras, los valores se sienten como una parte fundamental para sentir coherencia con uno mismo. Los valores permiten que el líder estratégico mantenga esa línea continua entre la estrategia y el plan de acción.
  • Saber trabajar en equipo y delegar. El líder estratégico sabe trabajar en equipo, y sobre todo, sabe delegar. Solo así logrará centrarse en lo que son sus auténticas responsabilidades, a la vez que consigue que su equipo de trabajo sea autónomo y se sienta motivado.
  • Autocontrol. Para tomar decisiones difíciles, o para dirigir a equipos de trabajo, es muy importante poseer autocontrol sobre uno mismo para evitar que su estado de ánimo influya en su trabajo, o en el de sus colaboradores. El liderazgo estratégico demanda esta cualidad para mantener un equilibrio entre la razón y el corazón.
  • Saber escuchar. Para diseñar una estrategia, es imprescindible escuchar la opinión de los equipos, de expertos, de los clientes, del entorno… Eso ayudará a al líder a ser más humano, a conectar, y sobre todo, puede que le facilite información o puntos de vista diferentes a los propios que quizás le ayuden a tomar decisiones.
  • Tener curiosidad. Para dar soluciones imaginativas a cualquier problema, es necesario tener una curiosidad constante por nuevas técnicas y tendencias. Es necesario que se plantee preguntas disruptivas para poder ofrecer soluciones diferentes a las tradicionales. Tener curiosidad significa ver más allá de lo obvio.

CÓMO SE COMPORTA UN LÍDER ESTRATÉGICO

En la actualidad, el líder estratégico debe anticiparse a los problemas y sobre todo, debe ser capaz de reaccionar ante las situaciones imprevistas que surgen en estos tiempos de incertidumbre, afrontándolos de una forma realista, priorizando objetivos y recursos y midiendo los esfuerzos. Debe ser capaz de analizar los datos, plantear los distintos escenarios posibles con sus correspondientes estrategias, y ofrecer seguridad y motivación a su equipo, algo muy complejo en este momento de pandemia en el que planificar y alcanzar objetivos se ha convertido en un reto casi diario.

De hecho, el líder estratégico debe tener controlados y canalizados sus estados de ánimo para no perturbar con sus miedos, su ego o sus cambios de humor su propio trabajo y el de  sus colaboradores, intentando además comprender las aptitudes y los sentimientos de los miembros de su equipo. En este punto, el coaching ayudará a mantener ese estado de centro personal y una comunicación positiva para estimular al equipo, minimizar las actitudes defensivas que puedan tener las personas del equipo, además de ayudarles a asumir los riesgos calculados que implica vivir en tiempos de pandemia y de incertidumbre. 

En definitiva, se trata de utilizar la inteligencia emocional para cohesionar la estructura de la empresa, guiando y acompañando al equipo a conseguir la visión del presente y del futuro a medio y largo plazo.